AI WEIWEI – "Es el enemigo quien crea al héroe"
Una reciente conversación en el Westminster Central Hall de Londres, organizada por How To Academy, se pareció menos a un encuentro público y más a un raro momento de pensamiento sin filtros. A lo largo de la velada, el diálogo estuvo atravesado por un sentido del humor discreto y desconcertante —nunca performativo, nunca cínico— que reveló el enfoque profundamente concreto del artista chino Ai Weiwei. Incluso al abordar los temas más graves, su tono se mantuvo medido, humano y sorprendentemente cálido.
En diálogo con el periodista Stephen Sackur para presentar su último libro, On Censorship, Ai Weiwei no asumió el papel que la historia parece haberle asignado: el del artista disidente heroico. Por el contrario, habló con calma y claridad sobre censura, poder y responsabilidad personal, a menudo acompañando verdades difíciles con una sutil ironía. Una ironía que no atenúa el mensaje, sino que lo vuelve más incisivo.
Para Weiwei el arte no es algo que él hace, sino algo inseparable de lo que es. La creatividad no es una elección profesional ni una estrategia política: es una condición de la existencia. No reivindica influencia ni parece sentirse cómodo con ella. Y, sin embargo, a través de la integridad, la perseverancia y un rechazo casi obstinado a “jugar sobre seguro”, muestra cómo el arte, cuando se vive y no se limita a declararse, puede oponerse en silencio incluso a las formas de control más sofisticadas.
La conversación se desarrolló como un intercambio abierto y articulado, modelado por las preguntas de Stephen Sackur y del público. Juntos trazaron los contornos del pensamiento de Weiwei —de la censura al poder, del arte a la tecnología, hasta la responsabilidad individual—. Las preguntas que siguen reflejan ese diálogo colectivo, reelaborado para mayor claridad y continuidad, preservando al mismo tiempo la urgencia y la franqueza de sus respuestas.
Tras diez años de exilio, se le permitió regresar a China para ver a su madre. ¿Por qué ahora?
Muchos piensan que se trata de perdón o benevolencia. No es así. Detrás de esta decisión no hubo ninguna reconciliación emocional, sino solo una evaluación de inteligencia. Calcularon que permitirme regresar no crearía problemas. En China los derechos nunca son absolutos: son concesiones. Aceptas las condiciones y puedes volver. Así funciona.
Ha dicho que hoy la censura es más sofisticada que nunca. ¿Cómo opera?
Antes la censura era evidente. Hoy es mucho más refinada. En China no puedo actuar porque reacciono a la censura. El sistema está diseñado para ser silencioso, eficiente e interiorizado. Ya no es necesario castigar: se aprende a autolimitarse.
¿El Occidente es realmente más libre, o simplemente más complaciente?
Mientras los medios estén controlados por intereses, la libertad es una ilusión. En Occidente —y en las sociedades democráticas en general— la censura es sutil en lugar de explícita, y precisamente por eso más peligrosa. Los relatos se moldean silenciosamente, el disenso se atenúa, las verdades incómodas se relegan a los márgenes. El control no desaparece: se vuelve más educado. La realidad se vuelve inaceptable, y entonces las personas eligen el consuelo. Este no es un mundo libre: solo lo parece.
¿Todo arte significativo es necesariamente político?
No todo el arte es político. Pero si el arte es relevante, entonces es político. En el momento en que el arte toca la realidad, entra en la política. Por eso no puedo vender mi trabajo en China. La relevancia siempre es una amenaza para el poder. Lo curioso es que haya sido precisamente esta reacción del gobierno la que hizo que mi trabajo se volviera significativo a escala global. Al oponerse a mí, me transformaron en una voz relevante y, finalmente, en un artista de fama mundial. Si simplemente me hubieran ignorado, quizá habría permanecido desconocido. Esa es la ironía: muy a menudo es el enemigo quien crea al héroe.
¿La tecnología ha dado más poder a los individuos o ha reforzado el control autoritario?
La promesa de la tecnología como herramienta de resistencia sigue siendo en gran medida indemostrada. Las redes sociales ofrecen visibilidad, pero al mismo tiempo permiten la vigilancia. Los algoritmos premian la conformidad y sofocan la complejidad. La tecnología, en lugar de ampliar el juicio humano, tiende cada vez más a sustituirlo, erosionando nuestro derecho a dudar, a equivocarnos y a corregirnos.
A la luz de todo ello, ¿es optimista respecto al futuro?
No lo diría. Estamos en un punto de inflexión, quizá cerca de un punto de no retorno. La tecnología está controlada y manipulada. El futuro no es muy luminoso. Pero yo insisto en la humanidad. Esa insistencia es la única posición que puedo asumir.
En portada: Ai Weiwei © Ai Weiwei Studio
Imágenes cortesía de How To Academy

